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El reino de Dios esta entre Uds. Lucas 17;21

Cuando partió mi hijas de 17 años, a ese viaje delicioso en el cual nos desprendemos de este ropaje viejo y molesto; llore y sufrí mucho por que era
una persona completamente ignorante de las obras del Señor. ¿Y cómo podría una
madre estar tranquila cuando ve partir al hijo, a sabiendas de que nunca más se
le vera? Es difícil aprender.


Sin embargo, gracias a la gran cantidad de personas que se han dedicado a desenmarañar, aquello que por ignorancia llamamos muerte, como por ejemplo, la Dra. Elisabeth Kubler-Ross,
Bernard Jakoby, Dr. Brian Weiss, Dr. Raymon Moody, entre otros, es mucho el
material recopilado que han entregado en nuestras manos para que podamos
aprender.


Quiero dejar muy en claro que los Tibetanos y los Egipcios, culturas sumamente adelantadas, hace más de dos mil años, ya sabían toda esta información, que por cierto no se guardaron, sino que
se ocuparon de transmitirla de generación en generación, hasta llegar a nuestra
era. El lío es que no todos la conocen y esa es la razón por la cual
tristemente algunos terminan perdiendo hasta la razón, con la partida de un ser
querido. El corazón se les llena de dolor al recordar los momentos vividos, y
si pasaron situaciones desagradables, que como siempre suceden, entonces los
remordimientos y las culpas, acaban apagándoles poco a poco, esa pequeña luz
que los mantenía conectados con el presente.


Jesús les respondió a sus discípulos, cuando le preguntaron acerca del Reino de los cielos, que: “el Reino de Dios esta entre ustedes”. Obvio para mí ahora. Algunos se la pasan rezando y dándose golpes de pecho, arrepentidos
por cosas que hicieron mal y que algunos llaman “Pecados”. Más, lo único cierto
de esta situación, es que cada a quien recoge lo que siembra; por eso hay que
tener sumo cuidado con lo que se hace, lo que se piensa y de lo que sale por
nuestra boca. De resto, estoy en completo acuerdo con mi Señor Jesús, al decir
que el Reino es este, paraíso en el cual vivimos. Vivo feliz en él.


Cada día desde que me levanto, hasta que me duermo, me lleno de agradecimiento con el Señor, por todo lo que veo, por todo lo que tomo y por todo lo que siente mi alma. Este paraíso es una
maravilla. Las nubes, el cielo, el sol, la luna, las flores, el agua, los
animales, el hombre, ese ser al que tanto amo y, disfruto. Este paraíso es
precioso, hecho para nosotros, perfecto; en él se refleja el amor que Dios
siente por nosotros. ¿Y cómo le pago al Señor por ese amor tan grande que
siente por mí? Amando a todos y a cada una de sus creaciones. Amo al mar, amo las
flores, a ti… ¡te amo!


Debo vivir mi vida llena de amor y agradecimiento, pues de esta forma, es la única vía para poder vivir verdaderamente absorta en mi presente, sin preocuparme por el futuro, y sin
perder la cabeza por aquello que quedo atrás.


Aquellos que estuvieron físicamente entre nosotros nunca serán olvidados, viven en nuestros corazones. Eran unos seres perfectos y por ello partieron antes. Vinieron sólo a
enseñarnos con su vida, la lección que debíamos aprender, la única que es
importante, y que se llama: ¡Amor!


Y nosotros, llorando…era mi ignorancia, mi imperfección, la que no me permitía ver más allá. Pero ahora estoy aquí, he caminado un poquitico más que ayer.


Nuestros seres queridos están en ese lugar, más precioso aún, según miles de personas que han tenido E.C.M. (Experiencias Cercanas a la Muerte). ¿Mejor que este paraíso? Bueno, entonces
ese lugar es increíble. No sufren, no lloran, están aprendiendo más, para
volver de nuevo, a enseñar la lección.
Se convirtieron en seres iluminados, como lo fue Jesucristo, el Buda y
muchos más. Iluminados por el amor de Dios tan grande que se hace realidad por
medio de ellos. Si no los hubiéramos disfrutado, ahí si hubiésemos perdido
bastante y andaríamos todavía en el ciego camino de la ignorancia, o sea, del
desamor.


Le doy gracias al señor cada día, porque tuve la fortuna de tener 17 años de mi vida a un ser especialísimo, del cual hoy todavía aprendo tanto. Como también le agradezco, por todos y cada uno
de los seres que me manifiestan su amor cada día, haciéndome sentir grande.
Gracias a ti, que me lees, cada vez que publico algo. ¡Un abrazo!

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